“Seamos tan diferentes con los hombres como con los cuadros, a los que tratamos siempre de dar una luz favorable.”

Emerson
Emerson

Poeta y pensador estadounidense.

1803 – 1882

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La ilusión de la generosidad

Emerson propone un paralelo incómodo: tratamos los cuadros con cuidado deliberado, buscando la mejor iluminación para destacar sus virtudes. Sin embargo, con las personas adoptamos un criterio distinto, más severo. La pregunta implícita es por qué no extendemos esa misma consideración a los seres humanos. Si ponemos esmero en realzar una obra de arte, ¿por qué no hacemos lo equivalente en nuestras relaciones cotidianas?

Una crítica a la dureza innecesaria

El filósofo identifica una contradicción en nuestra conducta moral. Somos capaces de ser generosos en nuestra interpretación de objetos inanimados, pero frecuentemente fallamos en otorgar ese beneficio a quienes nos rodean. No se trata de fingimiento, sino de reconocer que todos poseemos ángulos oscuros y matices que merecen consideración. La diferencia está en la intención: un cuadro recibe atención porque reconocemos que puede lucir de múltiples formas; las personas merecen ese mismo reconocimiento.

El desafío práctico

Esta reflexión cuestiona nuestras jerarquías implícitas de valor y cuidado. Sugiere que la verdadera coherencia ética exige equiparar la solicitud que mostramos hacia objetos con la que brindamos a otros seres humanos.

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