“Existe una tentación extremadamente sutil y peligrosa de confundir la paz con la simple ausencia de guerra, como estar tentados de confundir la salud con la ausencia de enfermedad, o la libertad con el no estar preso. La terminología es a veces engañosa. Por ejemplo, la expresión "coexistencia pacífica" significa ausencia de guerra y no verdadera paz.”
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Significado
La paz auténtica va más allá de la quietud
Dominique Pire, sacerdote dominicano y premio Nobel de la Paz, señala una confusión frecuente en nuestro vocabulario político: llamamos "paz" a lo que es apenas silencio de armas. La verdadera paz requiere justicia, dignidad y condiciones de vida dignas. Un país donde cesa la violencia armada pero persiste la opresión, la pobreza extrema o la represión no ha logrado paz genuina. La expresión "coexistencia pacífica" lo ejemplifica perfectamente: describe un armisticio incómodo entre potencias, no una convivencia basada en respeto mutuo y equidad.
Este razonamiento tiene aplicaciones profundas. Una persona libre de cadenas pero sometida a hambre o miedo tampoco goza de verdadera libertad. Un cuerpo sin síntomas evidentes podría estar deteriorándose silenciosamente. La ausencia de algo negativo no genera automáticamente lo positivo. Pire invita a examinar si nuestras sociedades han alcanzado genuina paz o si simplemente hemos normalizado conflictos invisibles: desigualdad estructural, exclusión social, violencia cotidiana que no aparece en titulares.
La implicación es exigente: la paz exige construcción activa, no solo cese de hostilidades.
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“La libertad es un hecho, y entre los hechos que observamos, no hay ninguno que sea más claro.”
“La paz debe fundarse en la verdad, edificarse conforme a la justicia, vivificarse e integrarse por la caridad, y ponerse en práctica en la libertad.”
“Cuando la verdad se digna comparecer, su hermana libertad no andará lejos”
“La gente suele sorprenderse al descubrir que odio la expresión «derechos constitucionales». La odio porque es terriblemente engañosa: muchos creen que la Constitución les 'concede' sus derechos. Nada podría estar más lejos de la verdad. Estrictamente hablando es la Carta de Derechos la que enumera nuestros derechos, pero ninguno de nuestros documentos fundacionales te otorga nada [...]. El gobierno puede quemar la Constitución y destrozar la Carta de Derechos, pero esas acciones no tendrían el menor efecto sobre los derechos que siempre has tenido.”