“Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes. Cuando veáis un hombre desprovisto de virtud, examinaos vosotros mismos.”

Confucio
Confucio

filósofo chino

551-479 a. C.

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Significado

El espejo de la virtud

Confucio propone un ejercicio de aprendizaje bidireccional. Ante la excelencia ajena, sugiere emulación activa: observar quién actúa bien y preguntarse cómo alcanzar esas cualidades. Pero el segundo movimiento es más incisivo. Cuando encontramos personas carentes de virtud, la reacción instintiva es juzgar. El filósofo chino redirige ese impulso hacia adentro: examinar si nosotros mismos compartimos esos defectos, aunque sea parcialmente. No se busca condenación, sino introspección honesta.

Contexto y aplicación práctica

En el pensamiento confuciano, la autosuperación constante es central. Los virtuosos funcionan como espejos positivos; los defectuosos, como advertencias. Ambos son maestros si sabemos observar correctamente. Esta dualidad refleja una visión realista: aprender del ejemplo admirable es relativamente fácil; reconocer nuestras propias limitaciones resulta más incómodo pero infinitamente más transformador. La cita rechaza la pasividad moral. Vivir significa estar en permanente calibración, comparándonos con otros para conocernos mejor a nosotros mismos.

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