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Significado
La vida como ciclo de desaciertos, conflictos y culpas
Benjamin Disraeli sintetiza aquí las tres grandes fases de la existencia con una dureza deliberada. La juventud aparece marcada por la impulsividad y la falta de juicio; cometemos errores sin pesar sus consecuencias porque aún carecemos de la experiencia para calibrar nuestras acciones. La madurez, en cambio, trae consigo la responsabilidad: enfrentamos decisiones difíciles, competencias, compromisos que exigen esfuerzo constante. Finalmente, la vejez llega cargada de una mirada retrospectiva, donde nuestras omisiones y decisiones equivocadas adquieren un peso que la juventud desconocía.
La paradoja del aprendizaje tardío
Lo provocador de esta fórmula radica en que sugiere cierta inevitabilidad: cada etapa trae su carga específica sin poder evitarla completamente. No es un retrato pesimista por capricho, sino una observación sobre cómo la maduración nos arrebata inocencia y nos obliga a enfrentar las consecuencias reales de estar vivos. El remordimiento final no representa fracaso absoluto, sino el precio de haber existido plenamente: quien vive sin conflictos durante su madurez probablemente tampoco tendrá motivos reales para reflexionar.
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“La tragedia de la vejez no es ser viejo, sino haber sido joven”
“Los niños hallan el todo en la nada; los hombres, la nada en el todo”
“Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.”
“La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.”
Más frases de Benjamin Disraeli
“¡Confiamos demasiado en los sistemas, y muy poco en los hombres!”
“Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”
“Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas”
“La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo”
“El hombre sensato cree en el destino; el voluble en el azar”