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Significado
El poder destructivo de las palabras
Álvaro de Figueroa y Torres, político español del siglo XIX, identificó algo fundamental sobre el lenguaje: las palabras poseen una capacidad de daño equiparable a armas físicas. Una frase bien dirigida puede marcar profundamente a una persona, alterando su autoestima, sus decisiones y su trayectoria vital. Lo inquietante es la permanencia de ese daño. Las palabras hirientes se graban en la memoria, se transmiten de boca en boca, adquieren vida propia. Mientras una herida física cicatriza, las palabras ofensivas permanecen activas, recordadas y replicadas durante años.
Responsabilidad y legado
Esta reflexión cobra relevancia en contextos donde el discurso público tiene alcance masivo. Un insulto presidencial, una crítica demoledora en redes sociales o una acusación infundada pueden reverberar indefinidamente, moldeando percepciones colectivas. La cita no predica censura, sino consciencia. Sugiere que quienes manejan el lenguaje (políticos, escritores, líderes) cargan una responsabilidad particular: sus palabras trascienden el momento del enunciado. El verdadero reto consiste en reconocer esta potencia sin paralizar la expresión, balanceando libertad con integridad.
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“Las palabras son como los rayos de sol: cuanto más concentradas están, más profundamente queman”
“Las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad.”
“La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras.”
“La verdad no está de parte de quién grite más”
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